EXPOSICIÓN DELACROIX

El jueves tuve la suerte de visitar Delacroix por tercera vez, en esta ocasión acompañada de una amiga.

He de decir en honor de Caixa que está fabulosamente montada, y que nos permite dar un paseo virtual a través de las obras expuestas por toda la producción pictórica del artista, y por aquellas cosas que ejercieron sobre sus pinceles una poderosa influencia, haciendo de él un ávido e incansable experimentador en distintas disciplinas, desde los temas mitológicos a su fabulosa descripción de las carnaciones de la anatomía humana a través del oscurecimiento de determinadas partes de la piel de los personajes que retrata.

Se perciben sus homenajes a los autores literarios del romanticismo francés, tales como Victor Hugo y Baudelaire, o a músico de la talla de Chopín, Schubert, Paganini o Liszt. Discípulo de Géricault, no hubo pintores en su círculo de amistades, de éstas siempre huyó.

La Muerte de Sardanápalo pintado en 1827 y expuesto en el Salón de París. La pintura es un buen ejemplo de lo que era importante para los románticos franceses: el superhombre desbocado en calidad de héroe, la combinación de erotismo y muerte, el decorado oriental, los grandes movimientos en lugar de una composición equilibrada y apacible, y el predominio del color sobre la línea. Delacroix la llamaría, “la Proeza asiática“.

Sus obras destilan el orientalismo que le cautivó durante su viaje al Norte de África, donde se vé irremisiblemente atrapado por la luz y el colorido.

La naturaleza y los animales de África del Norte captan también la imaginación del autor, sus estudios de anatomía durante su viaje le inspiraran para Árabe ensillando su caballo (1855), La pelea de caballos árabes en una cuadra (1860)… Visitó el zoológico privado del pachá con el escultor realista Antoine-Louis Barye donde observó a los animales; también tomó notas y dibujos de los tigres de la casa de fieras del Jardín des Plantes, en Francia.

Fue el más emblemático pintor del movimiento romántico aparecido en el primer tercio del siglo XIX , cuya influencia se extendió hasta los impresionistas.

Delacroix se convirtió en la figura que supo sobrepasar la formación clásica para “renovar” la pintura. Auténtico genio, dejó numerosas obras que tenían mucho que ver con la actualidad de su época. También destacó como pintor religioso pese a sus continuas declaraciones de ateísmo, era un hombre contradictorio, hijo de las incoherencias y convulsiones de la época que le tocó vivir. Sus obras manifiestan una gran maestría en la utilización del color.

Yo me quedo con la que cierra la exposición. Por su colorido alegre, deshinibido, audaz, y la rapidez y rotundidad de esa pincelada rápida, deshecha y a la vez precisa. Espero que la disfrutéis tanto como yo.

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