UNA TARDE DIFERENTE EN EL MUSEO DEL PRADO

El pasado 2 de marzo, viernes, había quedado yo con mis alumn@s en el Museo del Prado para visitar la Exposición del Hermitage. Pensaba que haciendo la cola de las seis de la tarde podríamos disfrutar de ella gratis, así que me fui con tiempo, para estar a eso de las cinco y diez en la misma.

Por el camino tuve la oportunidad de pasar por delante del Jardín Botánico, y percibir los olores que despiden las plantas que están comenzando a abrir sus brotes a la primavera que se acerca, y de sentirme un poco “forastera” en mi propia ciudad, cosa que de vez en cuando me parece una delicia.

En la cola hice amistad con dos argentinos y dos canadienses, y sentí la internacionalidad de nuestra Pinacoteca, que sigue despertando la fascinación suficiente para que personas de otros continentes se animen a venir a visitarla; me sentí orgullosa de ello, como si el Prado fuera un poco “mío”.

Llego mi estupendo grupo, y, nada más entrar en el Museo, entrada ya en mano sufrimos una decepción inicial: la entrada gratuita servía exclusivamente para la colección permanente, no para la exposición del Hermitage.

Esto no nos arredró, pues, tras sufrir el típico bloqueo inicial, decidimos gozar de la oportunidad que se nos brindaba, de visitar los clásicos de siempre. Primero nos encaminamos a visitar a la gemela de la “Gioconda” que nos dejó maravilladas, por la delicada suavidad de sus facciones, el colorido vibrante, y la belleza de la obra, que nos sonreía pícara desde su marco(una obra de arte también). Como se marcha al Louvre hasta Diciembre, nos sentimos privilegiadas de haberla podido contemplar.

Tras estar un buen rato disfrutándola, hablando de si podía ser una hija de la original, o de si la mano del maestro estaba presente en algunas partes del bellísimo retrato, cosa en la que había bastante unanimidad, subimos a la planta de nuestros queridos maestros de siempre, y nos dedicamos a disfrutar un poco aleatoriamente de Tintoretto y su Lavatorio de pies,obra maestra del veneciano, que capta la perspectiva como pocos; de las salas del Greco, cuyos lienzos, recién restaurados estaban asombrosamente solitarios, sin visitantes en su sala y del Maestro entre maestros, así con mayúsculas, pues no merece menos don Diego de Silva y Velázquez. Su prodigiosa captación, tanto de la atmósfera como de la psicología de sus personajes, de los que hace una cuidada introspección, la delicadeza empleada en los retratos de bufones, y su desmitificación de los héroes mitológicos…y su asombrosa modernidad en los “Jardines de Villa Médicis” en los que ya prefigura algo del impresionismo, nos dejaron sin habla.

Pese a la decepción inicial de no poder visitar la exposición del Hermitage, sentimos que la tarde había estado igualmente aprovechada. No siempre se tiene la suerte de tener tan para uno las salas de los pintores que han conformado de los capítulos más gloriosos de nuestra historia del arte.

Nos despedimos satisfechas, quedando emplazadas para ver el Hermitage, eso sí, otro día y previo pago de sus 12 euros de importe. Y es que la inversión en el conocimiento del arte es siempre la inversión en un valor seguro. ¡Hasta pronto!

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de artealinstante. Curiosidades, biografías, exposiciones, arte a golpe de clic Publicado en Uncategorized

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