EDWARD MUNCH Y SU “OJO MODERNO” EN LA TATE MODERN

Investigando, como siempre en la prensa cultural de la mañana, costumbre que sigo religiosamente, me he encontrado con este bombazo de exposición que tendrá lugar en la Tate Modern de Londres desde pasado mañana.

Munch fue un pintor y grabador noruego de la corriente expresionista. Sus evocativas obras sobre la angustia influyeron profundamente en el expresionismo alemán de comienzos del siglo XX. Podríamos hablar de él como del padre del expresionismo; desempeñaría de ese modo el papel que ya hiciera otro Edward ( Manet) con la corriente impresionista.

Niñas en un puente.

El pintor decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo Da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas. Por ello, los temas más frecuentes en su obra fueron los relacionados con los sentimientos y las tragedias humanas, como la soledad, la angustia , la muerte y el erotismo.

Edward Munch nació el 12 de diciembre de 1863 en Loten, Noruega. Hijo del médico militar Dr. Christian Munch y su esposa Laura Cathrine, tuvo una infancia muy difícil, ya que su madre y su hermana murieron de tuberculosis cuando él era muy joven, y su padre era hombre dominado por obsesiones de tipo religioso que murió en 1889. De todo ello surgió una personalidad conflictiva y un tanto desequilibrada, que él mismo consideraba la base de su genio.

Participó por primera vez en la exposición de otoño de Cristianía (Oslo) donde estableció relaciones con el círculo de literatos y artistas de la capital.

En 1895 realiza su primer viaje a París. Allí queda fuertemente impactado con la obra de Gauguin ( el Thyssen prepara una ambiciosa exhibición del artista para Septiembre)

 

 

Paisaje Bretón, de Gauguin

A partir de ahí, tras pasar por impresionismo y postimpresionismo llegará a crear un estilo sumamente personal( la esencia de su genialidad) basado en acentuar la fuerza expresiva de la línea, reducir las formas a su expresión más esquemática y hacer un uso simbólico, no naturalista, del color.

En su primera exposición individual con 110 cuadros en Oslo hizo que una parte del publico lo aclamara con entusiasmo.

En 1890 recibe su segunda beca estatal. Un año más tarde comenzó a desarrollar los motivos del Friso de la vida, ciclo pictórico que incluye muchas de sus obras más conocidas que en su conjunto pretenden dar una visión unitaria de la vida, dibuja ampliamente las memorias personales de Munch, incluyendo la devastadora pérdida de su madre, Laura Munch, y de su hermana favorita, Sophie.

Su hermana Sophie, alegato melancólico.

De ahí marchó a Berlín, donde una exposición suya, en 1893, levantó ampollas entre los círculos conservadores secesionistas, que la retiran de la galería donde estaba. Empezó entonces a frecuentar la tertulia berlinesa “El cochinillo negro” donde iba la flor y nata del artisteo berlinés. Ese mismo año pintó la obra cumbre de su vida: “El grito” de la que diría:

 

 

El famoso Grito, una de sus cuatro versiones.

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza…” he de confesar que cuando lo he leído se me ha puesto la piel de gallina, dada la fuerza que traspasa la palabra de este artista de las letras.

¿No se nos hace más cercana y angustiosa la obra después de leer lo que la inspiró?

La muestra de la Tate nos habla de cómo estuvo también al tanto de los adelantos tecnológicos en el campo de la fotografía, que le interesaba sobremanera o el campo de la filmación. Le servirán poderosamente para reflejar la enfermedad, la muerte y la obsesión religiosa que llenaron su infancia y su juventud como la gran mayoría de sus obras.

En sendas muestras en 1902 y en 1905 en Praga, intenta plasmar un terreno más tradicional. Retratos, paisajes y pinturas de estudio le preocupan cada vez más.

En 1903 realiza su primera exposición en la Galería Cassirer en Berlín, un año más tarde cede los derechos de venta en Alemania a Cassirer en lo que se refería a grabados y a la Galería Cometer de Hamburgo en el caso de los óleos con varias exposiciones y toma parte en el Salon des Indépendants.

El amanecer

En 1906 Maz Reindhart le encargó un diseño de los decorados para Los fantasmas y Hedda Gabler de Ibsen , así como un friso para un salón de su teatro en Berlín. Ya en el año 1908 expone en el Brücke de Dresde, junto a Kirscner y compañía. En otoño del mismo año viaja a Copenhague, sufriendo allí un colapso nervioso. La mitad del año siguiente la pasa en un sanatorio.

En 1909 regresa a Noruega y Rasmus Meyer le compra un gran número de cuadros de su colección, realiza una gran exposición en Oslo. Estos años realiza numerosos viajes por sus continuas crisis nerviosas a pesar de su éxito.

Años más tarde, en 1918, publica un panfleto del Friso de la vida en el que incluye sus obras maestras.

Los siguientes años Munch decide retirarse un poco, ya que una enfermedad de los ojos en el año 1930 le hace casi imposible trabajar; recibe entonces numerosos honores con ocasión de su septuagésimo aniversario

En 1940 el Régimen Nazi arremete contra su obra, clasificándolo como “arte degenerado” ( una constante, por otro lado entre los artistas de la época).

Durante la Segunda Guerra Mundial Munch se hace mundialmente conocido y expone por primera vez sus cuadros en los Estados Unidos, la tierra de las oportunidades; en 1942 en Nueva York.

Con motivo de su 80 cumpleaños es objeto de grandes homenajes, a pesar de su mal estado, en el que sufre continuamente resfriados, acude a todos ellos con gran honor.

El 23 de enero de 1944 muere en Noruega como había vivido: completamente solo.

Tras su muerte Ekely dona a la ciudad de Oslo el conjunto de cuadros, grabados y dibujos propios que obraba en su poder. Para celebrar el centésimo aniversario de su nacimiento, se inaugura en 1960 el Munch-Museet.

La enferma

Hoy la Tate le rinde un merecidísimo homenaje. Otra excusa más para escaparse a esta maravillosa y misteriosa ciudad.

¡Hasta pronto!

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