VAN DYCK: UN GENIO ENORME DENTRO DE UN JOVEN PINTOR

Acabo de volver del Museo del Prado, donde he estado degustando la versatilidad e ingenio de un joven cuya trascendencia es enorme. Me estoy refiriendo claro está a Van Dyck, uno de los más importantes pintores del XVII.

Tuvo la mala suerte el muchacho de nacer y trabajar en Amberes en vida de Peter Paul Rubens, y por ende, de ser comparado eternamente con el genial maestro, cuya trayectoria no sólo ensombreció a nuestro protagonista, sino también al resto de pintores de su época (y hubo muchos)

Aunque nació toda una generación más tarde que aquel, lo sobrevivió solamente un año; así pues nos encontramos con el hecho de que desarrolló toda su precoz carrera en paralelo al Rubens maduro.

Adoración de los Magos. Rubens.

Su genio evolucionó, pues, en colaboración o competencia con el de Rubens; pero se podría decir que, así como Van Dyck se benefició del influjo de este, se puede decir exactamente lo mismo a la inversa. Fué , pues, una simbiosis enormemente positiva.

La producción de Van Dyck no cuenta con la variedad asombrosa en materia pictórica como la que Rubens utiliza en vida; pero, por ejemplo en pintura mitológica o religiosa no le va a la zaga en cuanto a calidad e invención; podemos incluso afirmar que en el campo del retrato lo supera. Quizá nos encontramos con el mejor retratista que ha dado nunca el mundo occidental.

Nació Van Dyck un 22 de marzo de 1599 ( coetáneo de Velázquez, que vino al mundo un 6 de junio del mismo año). Fue hijo de un próspero mercader de sedas y otras telas, que, a su vez, había heredado el negocio de su padre.

Miembro de una numerosa familia, queda huérfano de madre a los 8 años, ello no fué obstáculo en la estrecha relación que siempre le unió a su familia, especialmente a sus hermanas.

Su aprendizaje tuvo lugar en el estudio de Hendrick Van Balen, con quien permaneció cinco años y a quien debe gran parte de su preparación técnica.

Al calor de ese aprendizaje nacen de sus pinceles sus primeras obras conocidas. Entre ellas está el retrato que, a modo de introducción en la muestra nos saluda en la entrada. Fué pintado cuando el autor contaba 14 años de edad. Es impresionante cómo dentro de un cuadro tan pequeño, está condensada la esencia del pintor, sobre todo en esa introspección psicológica, intimista, que tiene en el citado cuadro.

La perfección en la realización del cabello es absoluta.

A los 16 años ya era independiente, aunque, según parece entre esa edad y los 18 formó parte del taller de Rubens, recién llegado entonces de uno de sus viajes a Italia. Había pintado ya La Adoración de los Reyes Magos, y se vé algo más que admiración en las obras de Van Dyck de aquel entonces.

Entre 1618 y 1620, fecha en la que Van Dyck parte para Inglaterra, esa relación se afianza, y es durante ese lapso de tiempo cuando se confirma la preferencia de Rubens por el joven.

Pinta en esa época con una técnica propia, más abocetada y fuerte que la del Rubens de entonces. Hace que sus pinceles dancen libremente por el lienzo con una enorme libertad pictórica.

Su técnica se basa en la veneciana, que conocerá a través de la colección de Rubens, y que utilizará de modo intuitivo; optando desde el principio por el lienzo como soporte, cuya trama irregular se presta más a la rotundidad de la pincelada. Rubens seguirá decantándose por la tabla, que origina un resultado más liso, más plano, de diferente luminosidad.

Anthony Van Dyck at the National Portrait Gallery

Es Van Dyck especialmente sensible, y se observa durante todo el recorrido expositivo, captando las emociones del alma humana, que expresa con enorme profundidad y finura.

Su pintura religiosa destila un patetismo, una humanidad, que conmueven al espectador.

Por ejemplo en su Martirio de San Pedro, una de sus pinturas religiosas más notables y de mayor tamaño. Atestigua su admiración y absorción al mismo tiempo de la pintura italiana. Combina magistralmente el realismo de Caravaggio con el brillante colorido y la pincelada suelta de Tiziano. Es de una enorme fuerza expresiva y artística, pese a lo apabullante de su juventud.

En un pintor casi niño se funden la composición equilibrada, la fuerza de su realismo y la intensidad emocional.

Uno de los cuadros más impactantes es la Coronación de Espinas. De él existen varios estudios preliminares de los cuales quedan 7.

van_dyck01

 

 

La versión final es una sobria composición, evoca la redondez de la corona mediante la disposición de sayones y soldados alrededor de un Cristo resignado, con elegante ademán.

Sorprende de Van Dyck que cada personaje que aparece en sus obras constituye un retrato individual en sí mismo.

Este se encontraba en la Colección de Rubens. Tenía una Almoneda que era un tesoro, llena de obras de Tiziano, Tintoretto, Veronés…a su muerte uno de los que más obra salvó de dicha colección fué el rey Felipe IV.

Impactante es el Prendimiento, también procedente de la Almoneda.

 

Un espectacular claroscuro nos remite a Tiziano y Tintoretto. El carácter de la obra es vivaz, espontáneo, pese a su enorme tamaño cada retazo del lienzo está primorosamente trabajado.

La cabeza de Cristo es de elegantes proporciones, además de uno de los puntos que irradian más luz . Está impregnado de una gran espiritualidad, la expresión con que mira a Judas Iscariote es enormemente compasiva. Todo un sutil abanico de emociones que llevan a devoción.

También nos ha impresionado La serpiente de metal, que trata con especial énfasis la reconciliación con la divinidad que el episodio implica,y a diferencia de otras pinturas, no contiene más que figuras que abrazan la salvación.

fué considerado prefiguración de la Crucifixión de Cristo. También puede sugerir un retorno de la comunidad protestante al seno de la Iglesia Católica.

Entre los estudios preparatorios, en los que hemos visto cabezas de hombres en parejas, destaca una cabeza de mujer, de formas que remiten a Rubens, pero dotado de una forma y expresión pictórica inconcebibles en aquel.

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Sansón y Dalila nos ha impresionado también. A diferencia de Rubens, que realizó su versión en el momento en que Dalila languidece, Van Dyck escoge el instante previo. Ella no tiene nada de amoroso, sino que se muestra en tensión, fruto de la cautela necesaria para el triunfo.

Cambia además el oscuro contexto palaciego por un espacio abierto, que aparece en prácticamente todas sus obras. En él brillan los colores del cielo y las lujosas ropas de Dalila. Su conocimiento de sedas y brocados, fruto del trabajo de su padre, se hacen claramente patentes.

Impresionan también, el retrato de Cornelis van der Gest, negociante de especias, y según reza el cuadro, agente inmobiliario( cosa que a María y a mí nos ha resultado de lo mas chocante). En apariencia se trata sólamente de una cabeza con gorguera blanca, pero crea una imcomparable sensación de vida.Su mirada inteligente e inquisitiva, sus labios entreabiertos, sugieren una abierta comunicación con el espectador.

He aquí la imagen del inquietante caballero.

El dominio técnico es aquí prodigioso, la tez sonrosada, los ojos húmedos, las canas del pelo y la barba..le dan una verosimilitud nunca alcanzada hasta entonces.

Su retrato de familia es fantástico.La silla y la mano del hombre en ademán de movimiento suponen cierta ruptura con la idea de retrato estático. Dá sensación de inestabilidad, que se vé potenciada por la proximidad de las figuras al plano pictórico. La niña y su pose mirando hacia atrás conecta las dos figuras, y dá sensación de movimiento. La única que permanece estable es la madre. El colorido es vivo y profundo.

Susana Fourment y su hija, son un  perfecto ejemplo del retrato que luego cultivaría en Italia. Dos figuras de cuerpo entero se enmarcan en un amplio cortinaje y en un entorno arquitectónico abierto a un paisaje. Su carácter es monumental, combinando la gracia de la expresión de la niña y la calidez en la relación maternal.

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Adolece todo el retrato de la exquisitez y elegancia que subyugaron a Roma.

Ya en Inglaterra, destaca el Retrato de Isabella Brandt. Primera esposa de Rubens, Van Dyck la pintó para él. Su tamaño es grande, y destaca la imponente arquitectura de la entrada supuesta al jardín de Rubens, que había ordenado este diseño italiano para su casa. La mujer no es una gran belleza. discreta y de porte sereno, murió años después.

 

En fin toda una sinfonía de estilos y temática, tan poliédrica como apasionante la trayectoria corta pero enormemente fructífera de un grandísimo artista, que permaneció siempre joven, y dejó su alma en la factura impecable e hipnótica de sus retratos.

Queda un mes para que la disfrutéis. Recomiendo la visita. Además el marco es incomparable. ¡Disfrutadla!

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