EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JUAN DE HERRERA

   En el vasto calendario de efemérides que salpican las páginas de hoy en prensa digital he guardado para escribir mi post de hoy la concerniente al fallecimiento de Juan de Herrera, arquitecto que marcó un hito en la era del humanismo renacentista de cariz eminentemente católico de la Imperial España de Felipe II.

   La actividad profesional de este arquitecto estuvo centrada en la obtención del reconocimiento universal de la Magna obra que Felipe II construyó en El Escorial, y que es considerada la octava maravilla del mundo.

 

   Arquitecto, matemático y geómetra español, Juan de Herrera es uno de los máximos exponentes del Renacimiento español, con las particularidades que caracterizaron al mismo. 

   Quiso la fortuna que cayera en manos de este cántabro de nacimiento el encargo de Felipe II de terminar las obras inicialmente acometidas por el difunto Juan Bautista de Toledo. 

   Iniciado en la arquitectura en las obras del Palacio de Aranjuez, trabajó en el magno proyecto del Escorial con tesón infatigable, aportando a la construcción sus conocimientos de geometría y matemáticas. 

   Como hemos visto recientemente en la exposición Del Bosco a Tiziano, Arte y maravilla en El Escorial, Felipe II entendió siempre la fundación del Monasterio como una obligación histórica que había caído sobre sus hombros. Un deber hacia su padre y hacia la dinastía de los Austrias. Un edificio que iba a tener muchas funciones, y destinado a perdurar eternamente. Una Cámara de las maravillas destinada a propagar y conservar las católicas enseñanzas de la Contrarreforma surgida del Concilio de Trento.

   Por tal motivo la preocupación primordial del Católico monarca fué hacer acopio de todas las reliquias posibles que estaban amenazadas y destinadas a desaparecer tras la herejía luterana en aquellos países europeos en que triunfó la reforma.

   Como una segunda Roma, dotó el monarca al edificio de un repertorio iconográfico pictórico de santos y santas representados en parejas, para dar mayor simbolismo a las enseñanzas de la contrarreforma. Tras desechar el cuadro del Greco San Mauricio y la legión tebana escogió el monarca para decorar el Monasterio a uno de tradición italiana, Tiziano, y a otro de tradición muy diferente, de los Países Bajos, el Bosco, que le enviaran obras para embellecer el Monasterio. Apareció entre estos artistas Coxcie, también flamenco y por el que el Monarca sentía especial predilección. Impresiona su Arca de Noé en que los animales van entrando por parejas en el Arca, simbolizando la humildad y la obediencia ante los mandatos divinos

   Un hombre Juan de Herrera, cuyo legado pétreo sigue desafiando al tiempo en la impactante construcción que está llamada a ser eterna.

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