EL GRAN TOUR: UNA COSTUMBRE MUY NOBLE

Hoy me apetece haceros llegar esta fantástica costumbre que estuvo arraigada en los jóvenes de la nobleza británica. que servía como una etapa educativa de aprendizaje y esparcimiento a la vez, previa a lo que se consideraba entrar de lleno en la edad adulta y en el matrimonio.

Interior del Panteón, por Giovanni Paolo Paninni.

Se perseguía con este viaje tanto el acercamiento a la cultura y arte clásico y del Renacimiento, como a la sociedad aristocrática del continente europeo. Dependiendo del presupuesto de quien lo emprendía, su duración oscilaba entre seis meses o varios años.

Cuando se emprendía el viaje, lo normal es que el joven aventurero fuera acompañado por alguien de más edad, a poder ser un clérigo o una persona de la total confianza de la familia, con objeto de refrenar la conducta del mismo y orientarle en el aprendizaje tanto del arte como de la cultura. Después, como “regalo” se le dejaba sólo en las últimas ciudades del recorrido, que solían ser París o Nápoles.

Planeando el Gran Tour.

Aunque su orígen se remonta al siglo XVI, no fue hasta pasada la Revolución Gloriosa cuando se popularizó su realización. A partir de 1730 fue costumbre hondamente arraigada.

A tenor de ello surgirán análogos viajes en Alemania o los Países Bajos, mientras en los de raigambre católica se reservaron exclusivamente a círculos ilustrados selectos.

Para un viajero ingles el Gran Tour solía comenzar en Calais desde donde se partía o bien a París, epicentro cultural de aquella Europa, para recorrer luego Francia hacia el sur, visitando el Valle del Ródano, la Provenza y el Languedoc. Tras ello iban a Ginebra, atraídos por Voltaire, que vivía allí, y que vio notablemente incrementada su fama por estos viajeros ingleses

Voltaire

En Italia, inspirados por Winckelmann se visitaba Turín, milán y Venecia como centros modernos, bajando luego a empaparse de Renacimiento en Florencia, y a Roma, ciudad de visita obligada.

La última parada italiana solía ser Nápoles, que era la ciudad más grande en aquella epoca, y donde eran profusamente estudiadas y observadas las ruinas de Pompeya. Más adelante, y gracias a Goethé se incluyó Sicilia en las visitas.

 

 

Ruinas pompeyanas.

La Revolución Francesa hizo que se eligiese más como destino Alemania, decisión motivada también por el auge de escritores románticos alemanes como Schiller o Goethe; así pues durante esa época se solían visitar ciudades cortesanas como Dresde, Hannover, Berlín…popularizándose cada vez más destinos de ciudades balneario como Baden- Baden o Weimar, …y retornaban embarcando en los Países Bajos, en Hamburgo, o entrando en Francia por la Alsacia.

Baden- Baden

No obstante, las visitas a Italia también las realizaban alemanes, franceses, españoles y suecos de buena posición, y con el auge de Rusia, muchos nobles rusos comenzaron a realizar su particular Grand Tour, que solían comenzar entrando en Alemania por Dresde(Sajonia), para ir luego a Francia o Italia.

A modo de recuerdos que los viajeros se llevaban de vuelta, se pusieron de moda las vistas de Venecia y Roma, de pintores como Canaletto y Giovani Paolo Paninni así como los grabados de ruinas romanas de Piranesi ( aprovechad la exposición de Caixa Fórum para admirar sus obras) y que adquirirían el término de vedoutes. Estas obras, junto con vestigios arqueológicos y demás objetos antiguos, se incluían en el equipaje de los jóvenes británicos y una vez en su país, incidieron en la evolución del arte inglés, tanto en la pintura como en la arquitectura y las artes decorativas de los siglos XVIII y XIX.

Gabinete de antiguedades.

Menos usuales fueron James Boswell, que quiso marchar a Córcega, donde intimó con el independentista corso Pasquale Paoli, o el italiano Giuseppe Baretti, que por recomendación de un amigo viajó por toda España. Gracias a él y a otros viajeros ingleses Granada, Córdoba, Sevilla, y el Levante español, fueron popularizados durante el romanticismo.

Chateaubriand se alejó hasta Jerusalén, y Lord Byron a Grecia, donde se comprometió fuertemente con su causa.

Chateaubriand y Lord Byron

En estos viajes fue apresado el navío Westmorland, y sus colecciones distribuidas por diferentes instituciones españolas. pero esa ya es otra historia.

Libros recomendados: Amelia de Henry Fielding, o Cartas a su hijo, de lord Chesterfield.

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“PERFUMADOS” POR LA INDUMENTARIA DEL MUSEO DEL TRAJE

Esta mañana hemos tenido la suerte de disfrutar de una maravillosa “vuelta al pasado” a través de la fastuosa indumentaria que llevaban nuestros antecesores, y que el Museo del Traje nos brinda de una manera excepcional a través de una cuidadísima selección de piezas conservadas con especiales medidas de iluminación y humedad.

La visita abarca desde el XVIII a la actualidad, aunque hay algunos ejemplos de la indumentaria del siglo XVI.  Nuestra visita se ha convertido en una mágica película en la que imaginamos a esos caballeros rococós relamidos, con casaca, chupa y calzón de raso,  decorados profusamente por accesorios como botones de oro y bordados, acentuando las caderas en la confección de la casaca, vamos, que eran tan presumidos como las mujeres, en ocasiones más.  A su lado en esta época la mujer vestía con casaca de cintura de avispa( para conseguirla llevaban debajo la “cotilla” o armazón de ballenas). Para cerrar la casaca existía el llamado “peto” que era un fragmento de tela de forma triangular que se llevaba debajo de la casaca. En esta época eran decorados de flores, haciendo que se asemejaran a un jardín. La basquiña, o falda,  estaba abullonada por el guardainfante de debajo.

Peto del Siglo XVIII

Ya en la segunda mitad del XVIII se evoluciona en el caso masculino hacia una chupa más sencilla y corta, y en el femenino hacia tres tipos de vestidos: el “vestido bata” de influencia francesa, del que partía por detrás un enorme pliegue del escote, que remataba en larga cola, la polonesa, vestido recogido por detrás, sin pliegue, más cómodo, o el vestido a la inglesa, o “vestido vaquero” de líneas más suaves. Era la época en que Carlos III regala al pueblo de Madrid el Paseo de Recoletos, al que acudían ricamente engalanados, a ver, y sobre todo a ser vistos.

Estos excesos del ropaje, completados por chinelas y zapatos, además de mitones, calzas o medias de seda, y “ridículos” (que era como se conocía a los bolsos que venían de Francia)fueron ampliamente transformados,al igual que la sociedad tras la Revolución Francesa, que impone la libertad incluso en la vestimenta, eliminando radicalmente todo tipo de guardainfante interno. Llegaba el siglo XIX y con él, el llamado “vestido camisa”, de muselina, vaporoso, con corte debajo del pecho, emulando las vestimentas grecorromanas, fuente en la que el neoclasicismo se inspiró. ¿Recordáis las vestimentas de las películas de Jane Austen? Así iban las mujeres

A la izquierda, vestido camisa femenino. A la derecha, vestido de “majo”

El majismo se impuso en España. Era la vestimenta de las clases populares, que incluso gozó de las preferencias de la reina Isabel II que vestía como ellos en ocasiones, y de la que se conserva un traje así. ¿Su nota predominante? La redecilla que llevaban recogiéndose el pelo.

Redecilla en un cuadro de Goya.

La época romántica coincide con la publicación de las primeras revistas de moda en España, a través de las cuales se conocían las últimas novedades.

La calle se convierte en un ámbito apropiado de exhibición, y las tiendas en un espectáculo apetecible. Se comienzan a realizar los paseos a pie para los que era primordial la comodidad.  Vuelve el miriñaque para dotar el vestido de empaque, y el corsé. Se empiezan a popularizar los vestidos de calle, para los cuales se procedía al proceso de teñir tanto la trama como la urdimbre, para conseguir esos estampados listados, cuadrados, o con estampados pequeños. Son los “tejidos de novedad”.

¿Como accesorios para salir a pasear? Sombrero, capotas, guantes y sombrillas.

Para la noche se requería otra etiqueta. Luces velas y espejos incidían en las mujeres, haciendo que brillaran con luz propia. Era el momento de llevar amplios escotes, con encajes y cintas, además de galones de seda que realzaban la belleza femenina.

Por encima: capelinas, manguitos y pellizas, para combatir el frío.

A fines del XIX el polisón recoge el testigo del miriñaque. Realiza un papel primordial en la silueta femenina.. Es una estructura de alambres, volantes almidonados o ballenas cosidas a una enagua sujeta a la cintura. Ahueca la falda por detrás. La realización del vestido se encarece y complica, dicen con sorna que hace que la mujer parezca un buque al caminar, y convierte al hombre en una pequeña embarcación, navegando por detrás.. ¿El modista estrella? Charles Worth, creador del término “alta costura”

El tiempo de una dama se destinaba a hacer y recibir visitas. Se sujetaba a un manual de comportamiento, cada una tenía unos días establecidos para ser visitada y visitar. Hay grandes influencias del modernismo en esa época. El ama de cría cobra importancia, hasta el punto de que “cada nuevo diente, al ama un pendiente” curioso, ¿Verdad?

Amas de críaVestidos del ama de cría…y sus joyas.

La llegada del Siglo XX provoca un nuevo cambio, las faldas pierden volumen, y se introducen en ella las formas sinuosas. Se ven ejemplos de cómo el encorsetamiento interior ha llegado a provocar problemas físicos a las mujeres, y se muestran los maravillosos “deshabillés” Y la prenda que revolucionó la moda hace 60 años: el sujetador.

Impresionante la estructura modernista de la Chocolateria del Indio traída tras su cierre al museo. La vida al exterior se populariza, tanto como la moda de los viajes, con sus baúles y sombrereras…la ropa se deja de ajustar a pecho y cintura…y realza la importancia de las piernas, Schiapparelli es un ejemplo.

Chocolatería del Indio.

Obras de arte los modelos de Fortuny, con su invención del plisado y sus técnicas de teñir tejidos, Lanvin, Balenciaga o Pertegaz…auténticos artistas de la aguja…y terminamos desfilando por una pasarela con Agatha Ruiz De la Prada, Miriam Ocáriz, o Ailanto…¿Un 10 para este Museo!

La pasarela final. Un brillante remate.

 

EL MADRID SEÑORIAL DEL ENSANCHE

Embriagados aun por los aromas de las magníficas indumentarias que ayer tuvimos el lujo de admirar en el Museo del Traje, os invito a recorrer las calles por las que iban los propietarios de los mismos: El Madrid Señorial del Ensanche. Una ocasión única. ¿Os animáis?