CLAUDE MONET

Hoy haremos una semblanza del pintor sin el cual no se comprendería el impresionismo en toda su dimensión. Comencemos.

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Claude Monet (1840-1926) empezó a pintar por influencia de Boudin, Courbet y Díaz. Aunque trabajaba sobre todo al aire libre, no adaptó del todo la paleta clara hasta 1870. Conservaba algunos tonos oscuros utilizados por la escuela de Barbizon y sus sombras eran comparadas sin vibraciones de color.

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Los almiares, fin de verano, efecto matutino, una de las 15 telas de la serie de los almiares, expuestos en Durand Ruel. Monet trabajó con las impresiones fugitivas. !891. Museo DÓrsay, París

Todavía no había logrado imprimir un auténtico dinamismo a sus obras. El giro se produjo en Londres en 1870, cuando en compañía de Pissarro, Monet descubrió la pintura de Constable y de Turner.

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La calle Montorgueil. Este cuadro contemporáneo de la serie sobre la estación de Saint-Lazare rendía homenaje al paisaje urbano y a la alegría popular del 14 de julio en medio de un vibrante ondear de banderas de infinidad de colores con su característica pincelada.

Tras regresar a Francia se instaló en Argenteuil, que se convirtió en el centro del impresionismo. Durante estos años Monet realizó lo que se ha considerado como lo mejor de su obra; se dedicó en especial a los efectos de reverberación luminosa en el agua, pues con frecuencia pintaba en su pequeño barco-taller.

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El estanque de los nenúfares. Monet, instalado en Giverny desde 1871 murió allí en 1926; entre plantas y flores exóticas escogidas por él mismo. Coleccionaba con pasión estampas japonesas, lo que influyó en su manera de reinterpretar incansablemente los mismos motivos. 1895. Art Institute. Chicago

Su estilo se reveló espontáneo. ligero y poético, lleno de colorido y de atrevidas perspectivas, originales encuadres y pinceladas cortas, que muchas veces no eran sino pequeñas comas vibrantes. Regatas de Argenteuil (1873), Impresión, amanecer (1872), La calle Montorgueil (1878) son un buen ejemplo.

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Madamme Monet con su hija en el jardín. Camila, la primera esposa del pintor, muerta en 1879, le inspiró numerosos retratos

La serie de La estación de Saint-Lazare exploró otros efectos luminosos, relacionados con el color de los humos y de los cielos.

A mí su poética pictórica y su trayectoria vital me parecen fascinantes.

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La picaza. Este cuadro, nimbado de luz, pintado en el traspaís de Etretat, celebra la magia del instante, captado furtivamente justo antes de que el pájaro emprendiera el vuelo.

¡Espero que os haya gustado!

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PIERRE AUGUSTE RENOIR: EL PINTOR DE LO REAL IDEALIZADO

Echando como habitualmente mi vistazo a las efemérides de hoy  una ha capturado de inmediato mi atención: el aniversario del nacimiento, tal día como hoy en 1841 del pintor Pierre Auguste Renoir.. Sirva, pues, este post de tributo a una de las figuras claves de la vertiente más amable del impresionismo.

Limoges, la ciudad de donde Renoir procedía, era célebre( y aún lo sigue siendo) por la manufactura de porcelanas. Y, aunque llevaba instalado en París desde los cuatro años, (siempre se consideró un parisino)vuelve a Limoges en sus inicios como artista. Es en dicha fábrica donde daría sus balbuceantes primeros pasos enfrascado en la tarea de copiar obras maestras de Watteau en platos y soperas. Eso le hizo dominar la fluidez y la delicadeza en la pincelada, ya presentes durante toda su trayectoria artística.

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Escena galante en un plato de Limoges.

De esta época pervivirá su pasión por los pintores del siglo XVIII.

Pero las nuevas técnicas vinieron a sustituir la costosa producción artesanal, por lo que nuestro joven genio tuvo que comenzar a decorar toldos y pintar murales en cafés antes de decidirse a ingresar en la Escuela de Bellas Artes.

En la Francia de aquella época, sobre 1860, la enseñanza de la pintura estaba sujeta a un estricto protocolo. Los pintores que entraban en la Academia debían formarse al lado de un maestro que hubiese adquirido notable fama y prestigio. La elección de Renoir fué el suizo Charles Gleyre, porque sus métodos eran menos autoritarios que los de Jean León Gérome, del cual pudimos admirar no hace mucho una muestra soberbia en el Thyssen.

El anfiteatro.  Obra de Jean León Gèrome.  Sus magnas historias sobre gladiadores inspiraron los decorados de muchas películas como Espartaco, con Kirk Douglas, o la mismísima Gladiator, con Russell Crowe.

En 1864 fué aceptada su primera obra en el Salón. “La esmeralda” inspirada en Notre Dame de París, de Víctor Hugo. Sería  destruida posteriormente por el mismo autor. Es una pena que no os la pueda mostrar aquí.

De esta década son también dos obras que no parecen salidas de los mismos pinceles: La bañista del grifón, y Odalisca. En este caso el pintor rendía tributo al gran Delacroix, inspiración de muchos artistas de esa corriente. Junto con Gericáult introdujo todo un cambio en la concepción misma de la pintura.

La bañista del Grifón. Sao Paulo

Odalisca. Nos recuerda poderosamente a las Mujeres en Argel del gran Delacroix, que contemplamos en la muestra de Gauguin en el Thyssen. No olvidemos la gran pasión que suscitaba el Próximo y Lejano Oriente en aquella época.

Hacia la mitad de la década Renoir se dejó seducir por el bosque de Fontaineblau, como los integrantes de la Escuela de Barbizón, que trabajaban allí en ese momento su pintura plenairista. Allí, y codo con codo con Manet, aprendió a plasmar la belleza de la vida y las costumbres modernas.

Entonces entró en contacto con Bazille, que ejerció las veces de benefactor tanto para él como para Monet, que también frecuentaba el círculo, pero cuyo interés científico por las teorías del color inquietaron a Renoir. Con el descubrió parajes como Grenouillère y Bougival; se cuenta que instalaban sus caballetes uno al lado del otro y realizaban cuadros casi idénticos

La Grenouillère de Monet. Las diferencias entre ambas poéticas pictóricas es palpable. Ahí se sustenta la premisa de Monet cuando dice “el motivo no existe, lo que existe es mi percepción del mismo”.

En la guerra franco Prusiana Renoir fué enviado a los Pirineos, donde se dedicaría a la doma de caballos, y estuvo a punto de perder la vida.  Hubiera sido una pena, pues ya sus pinturas en la Grenouillère estaban hablando de su enorme talento, que hubiera sido truncado de haberse producido su muerte.

Tras esta etapa convulsa, ya que a la Guerra franco-prusiana siguieron los episodios de la Comuna de París, en los que fué tomado por un espía mientras pintaba,  llegó su integración por espacio de diez años en el impresionismo, del cual se desligaría después descontento. En el Primer Salón de los Rechazados Renoir expuso seis oleos y un pastel que sufrieron una desigual crítica. La gente sólo percibía manchas de color, era un público aún carente de madurez para percibir la oleada de cambios que se avecinaba.

En ésta muestra están sus obras más conocidas: El Palco, El Columpio, El Moulin de la Galete y Estudio de torso, entre otros.

Dos de sus obras expuestas: El Palco y El Columpio. Toda una proeza al conseguir la filtración de la luz a través de las copas de los árboles en diminutas motas de color.

“Nunca creo haber acabado un desnudo hasta creer que se puede pellizcar” llegó a decir de él el artista.

Tras tres exposiciones colectivas con los impresionistas, y tras críticas aceradas que menguaron su ilusión, decidió desvincularse de aquellas para siempre, con eso y con todo se dejó convencer para exponer en la séptima muestra del grupo, poniendo la condición de ser presentado en ella por Durand-Ruel, marchante del artista, y no representándose a sí mismo.

En ese momento había pintado “La señora Charpentier y sus hijos” con excelente crítica de publico y Academia.

Renoir Retrato de Sra. Charpentier y sus hijos 38Y

Es pintura amable, que recrea un momento íntimo familiar, llena de delicadeza y colorido. La luz es un factor primordial. Siempre se guió por criterios de unidad y armonía, para el fundamentales.

Pese a su pobreza permanente  ya que fué el único del grupo que siguió viviendo en París  pasando de cuchitril a cuchitril con sus escasas pertenencias, un inesperado golpe de fortuna le hizo decidir marchar a Argelia e Italia. A Argel llegó tras los pasos de su idolatrado Delacroix, y a Italia a estudiar las huellas de Rafael y las antiguas pinturas pompeyanas.

Ello configuró un estilo diferente a su vuelta, lo observamos claramente en Los Paraguas

Deliciosa pintura de pincelada precisa, y un modernismo diferente al que nos tenía acostumbrados.

Tras un período de sequedad resuelve sus problemas estilísticos en 1888. Renoir no deja que la luz y la atmósfera destruyan contornos ni el volumen escultórico de las figuras, encontrando así respuesta a sus preocupaciones. Todo ello con gran economía de medios y una paleta muy reducida.

Los últimos años de su vida los rojos sonoros son muy dominantes, pese a haber preferido siempre otra paleta.

Renoir en rojos, Delicada soiré femenina.

Un motivo que le dio mucho juego fueron los nacimientos de sus hijos, muy espaciados en el tiempo.

Con el éxito económico llegó el reumatismo, que le acompañará de por vida. Y fué en ese momento en el que tuvo la sensualidad más a flor de piel. Llego a decirle a un periodista “Hago el amor con mi pincel”.

Cuentan que el día de su muerte estaba pintando unas anémonas. Cuando dejó su pincel por última vez se le oyó murmurar:”Creo que empiezo a comprender algo”

Sus postreras anémonas. Un canto a la belleza.

Una vida que aportó mucho a los que , como yo, amamos al Arte.

BERTHE MORISOT, SEMBLANZA DE UNA MUJER IMPRESCINDIBLE.

¡Menuda papeleta la mía esta mañana, tratando de dilucidar, mientras echaba un vistazo a las efemérides, el personaje acerca del que escribir mi post de hoy! Viene repleto de nacimientos de personalidades importantes, tales como Nina Ricci, mujer fascinante, que se merece otro post (así que me la “guardo” en el tintero para otra ocasión) , el nacimiento del pintor francés Jean-Baptiste van Loo, en 1745, o el de otro pintor de relevancia, Henri Fantin-Latour,en 1836.

Florero de Fantin Latour.

 

Quédense para venideras ocasiones, ya que finalmente he decidido solidarizarme con mi sexo y hablar de una mujer fascinante tanto física como intelectualmente, dotada de un fino talento y una intuición que la hizo codearse con los pintores más relevantes en un universo cronológico eminentemente masculino. Además la impronta vivísima que dejó en mí la magnífica muestra que organizó el Thyssen aún sigue vigente en mi retina. Hagamos un poco de historia.

Una fotografía de la bellísima pintora.

 

Berthe Morisot (Bourges, 1841-París, 1895), fue la primera mujer que se unió al movimiento impresionista. Nacida en el seno de una familia de la alta burguesía francesa, fue educada en el gusto por las artes y la música y supo combinar de manera ejemplar la faceta artística con su papel de mujer moderna y activa animadora cultural. Curioso que fuera precisamente su familia quien animó a Berthe y a su hermana Edma a iniciarse en el arte.

Una de las primeras obras de la artista.

 

 

Morisot decidió ser una artista a pesar de su condición de gran dama, de mujer burguesa, urbana e interesada por la moda y la activa vida cultural de la época, no dedicándose de forma aficionada como otras damas de su época sino adoptando una postura muy radical que la vincularía al grupo de artistas impresionistas, la vanguardia del momento.

Autorretrato, se percibe su intuición y su inteligencia, transmitida a través de sus profundos e inquietantes ojos.

Demostró la posibilidades de las mujeres en las artes a fines del siglo XIX. Modelo y amiga de Manet, casada con su hermano Eugène, aliada de los pintores impresionistas -como Degas, Renoir, Monet o Pissarro-, con quienes expuso en  todas sus exposiciones, y admirada por intelectuales de la talla de Mallarmé o Valéry, Morisot jugó un papel destacado y esencial en el desarrollo del impresionismo francés.

Captando un instante aparentemente cotidiano, joven mirándose al espejo.

En 1868 conoció a Édouard Manet y en 1874 se casó con Eugène Manet, su hermano menor. Ella fue la que convenció al maestro de pintar al aire libre y lo atrajo al grupo de pintores que sería posteriormente los impresionistas Manet sin embargo, nunca se consideró como impresionista, ni estuvo de acuerdo con exhibir junto al grupo.

Morisot, junto a Camille Pissarro, fueron los dos únicos pintores que tuvieron cuadros en todas las exposiciones impresionistas originales. Asimismo, Berthe fue la modelo de Manet tanto en diversos e importantes retratos como en su obra de gran formato El Balcón, donde el pintor francés da cuenta de su admiración por la obra de Goya, tratando el mismo tema de su “Majas en el balcón”, obra menos conocida en España pues se encuentra en una colección privada suiza.

Tanto la delicadeza del paisaje, que le enseñó Corot, como la maestría de sus retratos, que aprendió de Manet, o la representación impresionista de jardines, escenas rurales e interiores domésticos, permiten conocer los aspectos más destacados de su obra pictórica. Con una pintura introspectiva, incluso melancólica, de trazos rápidos, que a veces adquieren la ligereza de la acuarela, Morisot nos introduce de lleno en su propia intimidad, en la delicada exploración de la femineidad. La representación del mundo íntimo femenino fue un asunto tan permanente en su obra que el escritor Paul Valéry afirmaba que su pintura podría considerarse «el diario de una mujer expresado a través del color y el dibujo».

Sin excepción, sus cuadros muestran unos temas equivalentes al de sus colegas masculinos. Edgar Degas, también de clase burguesa, pintaba ensayos de ballet, carreras de caballos, desnudos femeninos y a la propia Berthe durante su etapa de formación, además estaba secretamente enamorado de ella…como muchos otros del círculo.

Claude Monet  pintaba los nenúfares de su jardín, a sus hijos, etc. Las mujeres impresionistas pintaban su entorno social bajo el enfoque impresionista. A pesar de esto, la figura de Berthe Morisot, junto a las de otras maestras de la pintura, quedó ensombrecida por el conjunto del movimiento y en especial de los pintores masculinos. una lástima, y un hecho tristemente recurrente a lo largo del devenir de la historia.

Un delicado retazo de intimidad.

La vida de Berthe Morisot se vio ensombrecida por la muerte de Édouard Manet en 1883 , la de su esposo, Eugène Manet, en 1892, y la de su hermana. Educó sola a su hija, Julie Manet, con quien mantuvo siempre lazos muy fuertes. Al morir a los cincuenta y cuatro años, confió su hija a sus amigos, Degas  y Mallarmé.

Berthe Morisot murió en 2 de marzo de 1895 en París y está enterrada en el cementerio de Passy en París.

En la actualidad, sus pinturas pueden alcanzar cifras de más de 4 millones de dólares