ESTATUA DEL CRISTO DE LAS LLUVIAS

La torre mudéjar de la iglesia de San Pedro el Viejo es el lugar de una leyenda insólita, debido a una enorme campana que nadie sabe bien cómo llegó hasta allí.

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Imagen exterior del templo

Para explicar el suceso, ocurrido en el siglo XVI, los vecinos fabricaron una extraña historia: supuestamente los operarios que intentaron subir la campana fracasaron en el intento y se fueron a casa.

Sin embargo a la mañana siguiente todos escucharon el tañido de la inmensa campana y nadie pudo explicar cómo logró subir a lo alto de la torre ni quienes fueron los artífices de la proeza.

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Imagen de la torre-campanario

Una de las utilidades que se le daba a la campana era tocarla para evitar la lluvia o atraerla. La población sentía terror cada vez que escuchaba el sonido de la campana, pues provocaba un gran estruendo. Por ello no era raro oir frases como “Huyamos, que tocan la campana de San Pedro”.

Esto duró hasta 1565, año en que, para alivio de muchos madrileños, la campana se rompió. Con el tiempo fue retirada y la campana que hoy se puede ver es mucho más pequeña, y data de 1801.

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Imagen de la campana actual

Sin embargo, la tradición de la campana gigante no se ha perdido, se mantiene vigente en la advocación del Cristo de las Lluvias, cuya imagen se encuentra dentro de la iglesia, y de quien se dice tiene el poder de atraer las lluvias en tiempos de sequía y de calmar las tempestades y tormentas.

La impactante imagen del Cristo de las Lluvias es una figura tallada (generalmente en procesión el Jueves Santo), y presenta una expresión que varía según el punto de vista: de un orgulloso califa islámico a un Cristo de delicada tristeza.

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Una vista frontal del Cristo

En la torre también se pueden observar diversos escudos reales, uno de ellos anterior al periodo de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel (siglo XV).

La Iglesia se llama San Pedro el Viejo por ser una de las más antiguas parroquias de Madrid. La primera vez que se la menciona es en el Fuero de 1202, a propósito de una antigua construcción mozárabe en la Plaza de Puerta Cerrada.

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El Cristo listo con sus galas de procesión

En el siglo XIV, el rey Alfonso XI, en memoria de la victoria obtenida contra los moros en la batalla de Algeciras, en 1345, pudo haber mandado construir la Iglesia sobre la antigua mezquita árabe, reutilizando el minarete para levantar la torre mudéjar.

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Otra bella fotografía del campanario

En el siglo XVII el templo sufre una reconstrucción al estilo de la época del que se salvaron algunos elementos del edificio medieval. Entre ellos la torre y la nave central, con su cabecera gótica del siglo XV. La iglesia fue inicialmente conocida como San Pedro el Real, pero perdió esta denominación en 1891.

¡Espero que os haya gustado!

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SACRISTÍA DE LOS CABALLEROS

Ubicada dentro del Convento de las Comendadoras de Santiago, construido entre 1584 y 1697, la Sacristía de los Caballeros es un lugar fascinante e inesperado, pues no presenta ningún tipo de fachada que delate su interior.

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Bella imagen general del interior

Era aquí, en la sacristía, donde antiguamente los hombres se preparaban para el nombramiento de los Caballeros de la Orden de Santiago, ceremonia que luego se celebraba en la iglesia contigua.

Este amplio salón barroco fue pintado con los tres colores de las Comendadoras, el verde, que representa los laureles, el amarillo, la tierra conquistada, y el rojo, la sangre derramada por los mártires.

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Aproximación en la que se aprecia la policromía y el arranque de la cúpula

Pero para redescubrir los tres colores originales hubo que raspar con bisturí durante meses. El lugar era totalmente blanco y gris, primero por el capricho de un arquitecto que veía al demonio en el color, y segundo, por culpa de la peste; en una de las capas que tuvieron que raspar encontraron una inscripción con la siguiente frase: “Yo, pintor cordobés, en 1914 pinté la cal para desinfectarla de la peste”.

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Escultura de Santiago Matamoros en detalle

La Sacristía de los Caballeros es obra de Francisco de Moradillo y fue construida entre 1746 y 1753, durante el reinado de Fernando VI. Dentro de la Sacristía todo es deslumbrante, cada detalle pictórico o escultórico, cada pequeña pieza, cuenta una maravillosa historia. Los dibujos en las paredes narran ciertos secretos de la época: se dice que las rosas de los floreros son las llamadas Rosas Luis XVI, cultivadas por primera vez el mismo año que empezaron a decorar la sacristía.

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Imagen de una de las pinturas

En una esquina de la sacristía se ubica también la hermosa Fuente de los Tritones, donde los futuros caballeros se lavaban antes de ser llamados por la campana que invitaba a pasar al siguiente salón, donde las monjas ofrecían un refrigerio a través de un torno para no ser vistas.

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Imagen exterior del Convento

La campana y el torno también han sido restaurados.

Yo, que he estado allí en un par de ocasiones, recomiendo vivamente la visita. ¡OS sorprenderá!

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La Virgen adorna esta estancia

CALLE MAYOR, 61

Con una anchura de tan solo 5 metros, la casa del número 61 de la calle Mayor es considerada las más estrecha de la ciudad.

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Vista exterior de la casa

El inmueble tiene cuatro plantas. En la fachada apenas hay espacio para un balcón por planta, a diferencia de los edificios aledaños, que presentan dos, tres y hasta cuatro balcones.

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Balcón de la casa

Aquí residió hasta su muerte, el 25 de mayo de 1681, el famoso dramaturgo y poeta español Pedro Calderón de la Barca, autor de célebres obras como La vida es sueño.

El edificio se salvó de ser derribado gracias a la vehemente oposición de don Ramón de Mesonero Romanos, cronista oficial de la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX, quien llegó a intervenir a bastonazos contra los albañiles para impedir los trabajos de demolición que se estaban iniciando.

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Divertida imagen del cronista madrileño Mesonero Romanos

Finalmente, el ayuntamiento le dió la razón al ilustre cronista y accedió a reconocer el valor histórico del edificio.

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Otra imagen de la casa. Se aprecia su estrechez

El título “la casa más pequeña de la ciudad” lo ostentó hasta 1851 la Casa de las cinco tejas, en la calle Santa Ana, llamada así por el número de tejas que cubrían el pequeño tejado.

Lamentablemente este edificio fue derribado en 1851.

¿Una curiosidad cercana? La calle más corta de la ciudad, que se llama Rompelanzas, y se sitúa entre las calles Carmen y Preciados. Para construirla hubo que derribar unas casas que estaban en ruinas con el objetivo de abrir otro camino que condujera a la Iglesia del Carmen Calzado.

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Imagen de la calle

En ese entonces finales del siglo XVI, la calle Rompelanzas era bastante más estrecha que ahora, tanto que el primer carruaje que la atravesó apenas cabía, y por ello, al pasar, se le quebró una lanza.

El carruaje en cuestión pertenecía al corregidor Luis Gaitán de Ayala, el mismo que había ordenado el derribo de las casas. A raiz de la anécdota la calle empezó a conocerse con el nombre que ahora lleva.

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Azulejo con el nombre de la calle

Curioso e interesante, ¿No os parece?

EL JARDÍN ENIGMÁTICO DE CASA RIERA

Tras la verja de acceso al edificio de oficinas situado en la calle Marqués de Casa Riera 1 se adivina el jardín de Casa Riera.

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Grabado antiguo del jardín con el palacio

En teoría sólo pueden entrar quienes van a las oficinas, pero el patio alberga una cafetería con terraza abierta al público que permite disfrutar de las vistas de un jardín que guarda una leyenda trágica.

Se dice que un antepasado del marqués de Casa Riera sufrió un terrible desengaño amoroso. En su jardín encontraron sin vida el cuerpo de un hombre atravesado por un estoque y el de una mujer vestida de blanco.

Nadie supo jamás quién los asesinó. Sólo se supo que en el lugar donde se cometió el crimen se mandó plantar un ciprés. El palacio quedó abandonado y el marqués ordenó que éste permaneciera cerrado hasta que el ciprés muriera, algo que en cierta forma se cumplió, pues hasta su demolición, ninguno de los siguientes dueños pasó mucho tiempo en la vivienda.

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Imagen antigua del Jardín. Nada tiene que ver con el actual

El marqués de Casa Riera obtuvo este título en 1834 por los servicios prestados a la Corona. Aproximadamente por esa época compró este palacio para su mujer, Raimunda Gilbert y Abril, pero apenas vivieron en él, pues pasaron la mayor parte del tiempo que les quedó de vida en París.

A finales del siglo XIX, debido a la desamortización, la zona fue remodelada por completo, pues muchos edificios religiosos aledaños fueron expropiados.

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Imagen aérea del conjunto

El convento vecino fue demolido, así como el palacete, el jardín y el ciprés maldito que mantuvo alejados a los propietarios del lugar.

Un descendiente del marqués, Alejandro Mora y Riera, construyó en el mismo solar un nuevo edificio en el que tampoco habitó mucho tiempo. En los años 30 el arquitecto Rodríguez Avial construyó otro edificio que fue, hasta 1977 una de las sedes principales de los franquistas.

Durante muchos años el jardín simplemente no existió, hasta que, en los años 90 las paisajistas Carmen Añón y Myriam Silber crearon, en el mismo lugar donde se ubicaba el jardín, un nuevo espacio acorde con el estilo del nuevo edificio, y el Madrid de los tiempos del ciprés y de la pareja asesinada.

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Diseño de Myriam Silber

El jardín, que dibuja formas geométricas, está rodeado de un paseo con arcos, recubierto de plantas y flores, lo que genera un ambiente húmedo, donde apenas entra la luz.

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Otra bonita imagen

Un lugar tan romántico como inquietante. ¿No os parece?

BURROLANDIA

Burrolandia, a tan solo 15 minutos de Madrid, es la única reserva de la Comunidad de Madrid dedicada a proteger al burro que la Asociación Amigos del Burro mantiene en Soto de Viñuelas, uno de los parajes más silvestres de la región.

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Aspecto exterior de Burrolandia

Levantada con materiales de reciclaje y con la buena voluntad de sus socios, la finca permite adentrarse en la vida agrícola, y ofrece una grata convivencia con los burros y otros animales como ovejas, conejos, gallinas, cerdos y hasta una cierva criada con biberón. Adornada con aperos y objetos de labranza, la casa es una especie de museo agrícola interactivo donde se aprende el ciclo biológico del burro y el modo de trabajar de nuestros antepasados con artilugios casi en desuso.

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Un niño alimenta a un burro en la instalación

También proponen actividades como la Ruta del Agua, una excursión por el Monte de Viñuelas que suele durar entre tres y cuatro horas.

La práctica del senderismo se alterna para los niños, con la subida a lomos de los pollinos más dóciles, o en carretas tiradas por estos. Además en el albergue se puede participar de otras labores: ayudar al pastor a esquilar a las ovejas, dar de comer a los pollinos, cepillarlos o pintar láminas referentes a la vida rural.

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Bellos ejemplares de pollinos en Burrolandia

La reserva, para subsistir, pone a la venta productos de cosmética elaborada con leche de burra y objetos cuyo lema es el burro: calendarios, camisetas o cuadernos.

Para ello suelen organizar un rastrillo trimestral, pero algunos productos se venden todos los domingos.

El fin es preservar a esta especie, cuyo censo ha disminuido de modo sobresaliente, pues ha pasado del millón en los años 70 a 60.000 en la actualidad.

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El espectáculo merece la pena

Burrolandia ha hecho posible, no sólo recuperar a los burros deshauciados y abandonados, sino también favorecer la cría de 27 pollinos y dos burdéganos (mezcla de caballo y asna)

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El burdégano Jaime, una de las atracciones

Recomiendo que lo visitéis. ¡Merece la pena!

EL SALÓN DE ACTOS DEL ATENEO DE MADRID

El Salón de Actos es la parte más interesante de la visita guiada del Ateneo de Madrid, la obra cumbre de Arturo Mélida y uno de los primero ejemplos del modernismo en Madrid.

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Imagen exterior del Ateneo

La soberbia ornamentación plasma en imágenes la razón de ser y la función del Ateneo. Con una superficie de 220 metros cuadrados como lienzo, Arturo Mélida centralizó la composición en un templete griego que alberga tres figuras mitológicas conectadas con la sabiduría: Hermes, Atenea y Apolo.

El telón, que está a punto de caer tras Apolo, deja entrever al astro rey, representado por el mismo Carro Solar de Apolo, encargado de recorrer el firmamento con el carruaje para expulsar a la noche y situar al sol en lo más alto del cielo, en una escena en que la luz simboliza al “hombre iluminado”.

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Bella imagen general

Alrededor de estos personajes se ubican doce pinturas o alegorías, que representan, tanto los doce trabajos de Hércules como los doce signos del zodíaco.

La pintura es muy armónica en cuanto a colores y trazos y muestra la unión de la doctrina teosófica con la simbología masónica.

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Toda una masónica

En la base del templo una abigarrada decoración pone en contacto con el mundo oriental, y concretamente con aquel Japón que tanto fascinó al siglo XIX: dragones, el sol naciente y el ibis (símbolo de la eternidad).

Los tondos que encuadran el motivo central muestran las 12 secciones que componían aquel Ateneo de 1884 (Literatura, Matemáticas, Elocuencia…), representadas por figuras femeninas muy evocadoras y de rotundos volúmenes.

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Dando relevancia a la cátedra se sitúan tres grandes paneles en alusión a los epítetos del Ateneo: Ciencia (asociada a la civilización árabe), Literatura (asociada a la civilización romana) y Arte (asociada con la civilización cristiana)

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Detalle decorativo de las Artes, simbolizadas por la religión cristiana

Una entrada breve que espero que os haya resultado interesante

LAS EXHIBICIONES AÉREAS DE LA FUNDACIÓN INFANTE DE ORLEANS

El primer domingo de mes, la Fundación Infante de Orleans organiza en el Aeródromo de Cuatro Vientos una exhibición aérea única en Madrid en la que se pueden ver aviones históricos de los años 30.

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Una vista exterior del hangar

Tanto los aficionados a la aviación como los visitantes curiosos vivirán una experiencia única al ver despegar aviones como el Polikarkov I-16, el avión soviético de los años 30 que cumplió un papel destacado en la Guerra Civil española.

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El avión Polikarkov 1-16

Entre la fabulosa colección de 23 aviones de 17 modelos distintos destacan el avión ligero British Aircraft Swallow, el Büker Bü 131 (utilizado por la Luftware durante la Segunda Guerra Mundial), el Piper J-13 (avión de despegue y aterrizaje corto) y el Cessna 0-1 Bird Dog (fabricado especialmente para el ejercicio de Estados Unidos en los años 50).

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Avión ligero British Aircraft Swallow

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Preparando el Büker-Bü antes de la exhibición

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El Cessna 0-1 Bird Dog

 

Pero uno de los momentos estelares de la exhibición son las acrobacias que realiza el Sukhoi Su-26.

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El Shukkoi Su-26. Imagen cortesía de JETPHOTOS: NET

 

Los aviones pueden verse también de martes a sábado en el museo, pero no hay nada mejor que verlos en acción.

Aunque la exhibición mensual empieza a las 11, antes puede caminar entre los aviones aparcados al borde de la pista.

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Una imagen de los aviones en vuelo

Un especialista en aeronáutica va desgranando por megafonía la historia y características técnicas de cada ejemplar. Una hora más tarde, los pilotos suben a los aviones para ponerlos en marcha, siempre y cuando el tiempo y el clima lo permitan.

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Un cartel descriptivo de todos los ejemplares que custodia la Fundación Infante de Orleans

Yo, que he asistido a este espectáculo en cuatro ocasiones, recomiendo vivamente que no os lo .

¡Confío en que os haya resultado interesante!

MUSEO DEL INSTITUTO DE SAN ISIDRO

El Instituto San Isidro es el centro docente más antiguo de Madrid. Fue fundado en 1566 por los jesuitas y desde entonces no ha dejado de impartir clases, salvo durante la Guerra Civil, que sirvió de refugio antiaéreo.

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Museo Instituto de San Isidro

En sus aulas estudiaron reyes, presidentes, premios Nobel y grandes escritores. Todavía se conservan los expedientes académicos de cada uno de ellos en el pequeño y curioso museo, ubicado en la zona del claustro.

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El Claustro conserva el aroma de antaño

Un lugar realmente sorprendente, pues tanto alumnos como profesores han logrado crear, de una manera prácticamente artesanal y con objetos de colección un retrato fidedigno de cómo era la educación a principios del siglo XX.

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Pupitres y pizarra conservados intactos

Los objetos que se conservan tras las vitrinas describen el tipo de enseñanza que antiguamente se impartía, cuando todo se aprendía con láminas, libros y modelos anatómicos que hoy resultan obsoletos, pero que podrían alcanzar altos precios entre los coleccionistas.

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Imagen de la escalinata con los animales disecados en la pared

En cada una de las cinco plantas, conectadas por una amplia escalera de piedra y madera que se conserva intacta, se distribuyeron las vitrinas que contienen objetos sorprendentes, como los animales disecados, algunos de ellos en peligro de extinción , como es el caso del urogallo.

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Urogallo disecado

Tambien se puede ver alguna curiosidad veterinaria disecada, como unas cabras siamesas.

Quizá lo más singular de todo sean los modelos anatómicos desmontables de animales que explicaban su funcionamiento interno  y permitían que los alumnos aprendieran a distinguir las partes de una víbora o un caracol.

La joya es un esqueleto de madera, totalmente desmontable, del siglo XIX.

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Esqueleto desmontable

La visita se puede complementar siempre y cuando el jefe de estudios y guía tenga tiempo, con la de la cripta de los monjes, donde descansan los restos de los monjes que murieron durante la persecución religiosa de 1936.

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Maravillosa imagen de la cripta

Yo, que lo he visitado en dos ocasiones, os recomiendo que os dejéis caer por allí. No os dejará indiferentes.

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Oso y alce disecados. Otra curiosidad del Museo

¡Confío en que os haya resultado interesante!

 

COLECCIÓN PRIVADA DEL “AQUARIUM MADRID

Cerca de la Puerta del Sol, la tienda de animales “Aquarium Madrid” esconde en el sótano una exposición impresionante.

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Vista exterior

Al bajar la escalera se encontrará con una especie de pequeño zoológico donde los animales, desde sus vitrinas, miran fijamente al visitante.

El lugar no recibe muchas visitas, sobre todo los días laborables, pues la mayoría suele ir a la parte de la tienda para comprar algún producto para su mascota. Así que casi siempre se suele contar con el tiempo y el espacio suficientes para analizar detenidamente a los animales.

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Aspecto interior

Algunos animales impresionan, como la boa constrictor, el cocodrilo enano con su hocico deformado, el sapo de vientre de fuego, el escorpión emperador o el milpies gigante, de unos 30 cms de longitud y grueso como el dedo pulgar.

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Cocodrilo enano

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Milpies gigante

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Sapo de vientre de fuego

En cuanto a la serpiente roja puede resultar aterradora cuando se la ve surgir en la oscuridad.

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Serpiente roja

En la planta principal hay numerosos productos para todo tipo de mascotas y peces que se pueden adquirir por un módico precio, desde 2 euros.

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Otra imagen interior

Desde aquí os recomiendo vivamente una visita

LA IGLESIA DE LA BUENA DICHA

En una calle estrecha y apretujada entre edificios de mayor altura se ubica la extraña iglesia de la Buena Dicha, un tesoro de la arquitectura madrileña que pasa casi desapercibida para el paseante.

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Imagen de archivo de la fachada.

Esta iglesia fue construida entre 1916 y 1917 por Francisco García Nava y por encargo de los marqueses de Hinojales.

García Nava optó por un estilo de lo más ecléctico para el diseño. En la fachada se mezclan estilos gótico, mudéjar y nazarí, aunque el uso del ladrillo y la estructura, compuesta de distintos volúmenes y líneas curvas, imprimen un inequívoco carácter modernista al edificio.

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Bella imagen actual

El interior de la iglesia sorprende por las fabulosas vidrieras que dotan al espacio de gran luminosidad, y por la capilla de la Virgen de la Misericordia, rodeada de un conjunto escultórico que data del siglo XVII.

Imagenes de las vidrieras, cortesía de Jaime Navas

La historia de esta iglesia empieza realmente en 1594, año en que Fray Sebastián Villoslada funda en este mismo terreno el Hospital de la Buena Dicha, e instituye una hermandad dirigida por 12 sacerdotes y 62 seglares.

Bajo la advocación a Nuestra Señora de la Concepción o de la Buena Dicha la hermandad se dedicó a atender a los pobres de la parroquia de San Martín de la que dependía.

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Parroquia San Martín

La entrada principal de esta hermandad daba a la calle Libreros, y en la parte trasera había un pequeño cementerio, conocido como el cementerio de la Buena Dicha.

Esta hermandad prestó invalorables servicios de asistencia médica durante el Levantamiento del 2 de mayo de 1808 y en el cementerio fueron enterradas heroínas de aquellos tiempos, como Clara Campoamor o Manuela Malasaña.

A finales del siglo XIX, tanto el hospital como el cementerio fueron derribados y en su lugar se construyó la actual iglesia de la Buena Dicha, que se encuentra bajo la administración de los Padres Mercedarios.

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Bella imagen del interior actual

Muy cerca de la iglesia de la Buena Dicha se encuentra la calle Desengaño. Es una de las calles más antiguas de Madrid y recibe este particular nombre por la historia que encierra.

Supuestamente dos caballeros enamorados de la misma mujer decidieron batirse en duelo para resolver quien se quedaba con ella, pero una misteriosa sombra negra vino a interrumpir el duelo.

Los caballeros salieron tras la sombra, y al alcanzarla le descubrieron el rostro. Lo que vieron no fue una persona, sino un cadáver, ante el que exclamaron:” ¡Qué desengaño”!, pues en vez de un muerto, los caballeros tenían la esperanza de encontrarse con la mujer en disputa.

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Rótulo de azulejo de la calle en cuestión

Una romántica manera de terminar mi crónica de hoy, ¿No os parece?