TAPA DE LA ALCANTARILLA DEL NÚMERO 73 DE LA CALLE SANTA ENGRACIA

Sobre la acera del número 73 de la calle Santa Engracia se puede ver una tapa de alcantarilla muy distinta a las que existen en el resto de la ciudad.

En ella se lee la inscripción:” Viaje antiguo de agua”. Antiguamente la distribución del agua era totalmente distinta a la que conocemos hoy.

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Antes de que el Canal de Isabel II fuera inaugurado, a mediados del siglo XIX, existieron distintos puntos de captación de agua en las afueras de Madrid, y una red subterránea de galerías y pozos heredada de los árabes que, con el progresivo crecimiento de la ciudad (en esos momentos Madrid ya alcanzaba los 200 mil habitantes), fue quedando obsoleta.

Los principales lugares de captación de agua potable (Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo, Alcubilla y Castellana), pertenecían a la Villa De Madrid, es decir, eran públicos.

En ese tiempo también existieron lugares de abstecimiento privados, como la Fuente del Berro, propiedad de la Corona.

Con el paso del tiempo, estos canales subterráneos fueron poco a poco dejando de cumplir la función de transportar agua, y muchos de ellos fueron demolidos con el fin de construir aparcamientos o túneles.

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Sin embargo, todavía existen muchos tramos que, o están vacíos, o se utilizan para distintos tipos de cableados. De momento no se pueden visitar, pero no se pierde la esperanza de que, en un futuro cercano, se abran al público interesado en descubrir las entrañas de Madrid.

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La alcantarilla de la calle Santa Engracia es un testigo del Viaje de la Alcubilla: era una vía por la que accedían al antiguo viaje los técnicos especializados.

El Viaje de la Alcubilla data de 1399 y nace en la Dehesa de Chamartín, en el Valle de la Alcubilla, a 18 metros de profundidad. El conducto seguía la ruta hacia Bravo Murillo y la actual Glorieta de Cuatro Caminos, para luego dividirse en dos ramales: el de la calle de Santa Engracia y el que iba hacia la Glorieta de Quevedo.

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La tapa de la alcantarilla de la calle Santa Engracia es uno de los pocos vestigios a la vista de los antiguos viajes de agua.

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¡Confío en que os haya gustado!

 

LOS CAPIROTES DE LA DEHESA DE LA VILLA

En la Dehesa de la Villa existen 8 curiosas piedras con forma de pirámide truncada llamadas capirotes, colocadas en distintos puntos del parque.

Estos capirotes son la parte visible del antiguo Viaje de Agua, que transcurría por una serie de galerías subterráneas y abastecía de agua a Madrid desde principios del siglo XVIII hasta 1858, año en que fue inaugurado el Canal de Isabel II.

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Imagen actual del Canal De Isabel II

Los capirotes de granito de la Dehesa de la Villa eran las tapas de los pozos de registro y tenían un orificio para la ventilación del agua. Miden unos 70 centímetros de alto por 80 de lado, y pertenecen al Viaje de Agua de Amaniel o Viaje del Palacio, construido entre los años 1614 y 1619, durante el reinado de Felipe III, y con el objetivo de abastecer de agua al Alcázar.

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Capirote de Amaniel

Este Viaje nacía en el norte de Madrid para dividirse después en dos ramales: el que recorría la Dehesa y el que atravesaba la antigua Huerta del Obispo. Luego estos dos ramales se unían para seguir el trayecto hacia la Plaza de Oriente. Su extensión total era de 6 kilómetros.

Estos Viajes finalizaban su recorrido en las famosas fuentes públicas que había en la ciudad. Hasta allí llegaban los vecinos con sus cántaros y vasijas, y también los llamados aguadores y los encargados de trasladar el agua desde las fuentes hasta los domicilios de las personas dispuestas a pagar el servicio.

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Un Viaje de Agua visto desde dentro

El sistema estaba muy bien organizado, pero presentaba algunas deficiencias,y, a pesar de que cada vez se construían más viajes, el abastecimiento era insuficiente.

La Villa estaba dividida en distritos, y cada distrito tenía un número determinado de fuentes, caños, aguadores, y una dotación específica de agua.

Con el tiempo se perfeccionó el sistema y se instalaron los llamados “caños de vecindad”, destinados al uso exclusivo de una vecindad.

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Curiosa imagen de un capirote

La picardía de la época hizo que también surgieran los “ladrones de aguas”, que solían abrir minas en determinados puntos del viaje para robar agua.

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Esto, sumado a la falta de higiene en algunas fuentes donde también solían beber los animales para el transporte de agua, generó muchos dolores de cabeza en la Junta de Aguas, sobre todo por la rapidez con que se propagaban las enfermedades y epidemias.

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¡Espero que os haya resultado interesante!