VIENA EN LA ÉPOCA DEL CONGRESO

Hoy hablaremos de esta época crucial en la historia de Viena y los vieneses. Empecemos:

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La catedral de San Esteban, corazón y símbolo de la ciudad, erige con orgullo su torre sur, el Steffel.

El congreso atrajo a la ciudad a una muchedumbre tan numerosa como variopinta. Los seis soberanos y los casi seiscientos diplomáticos llegaron acompañados de una corte de secretarios, criados y amantes- más o menos oficiales…- a los que muy pronto siguieron estafadores, astrólogos de feria, prostitutas y jugadores profesionales.

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Schönbrunn. Su gran galería fué, durante el congreso, el marco de recepciones y bailes fastuosos.

La gente se divertía con las aventuras galantes del rey de Württemberg y con las del zar, que iba de amante en amante.

El espionaje también estaba muy en boga. Además de los espías profesionales infiltrados en las delegaciones, Viena bullía de espías ocasionales, reclutados por la Hofpolizei, entre los que había desde doncellas a gentes de mundo y a los que divertía locamente desempeñar un papel en aquellas horas tan emocionantes.

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Schubert en una velada musical. En torno a 1825 eran frecuentes las “schubertiadas”, veladas en las que el músico tocaba su lieder.

La vigilancia era obsesiva: se registraban basuras, se espiaban las conversaciones y hasta los documentos más triviales eran estudiados, catalogados, archivados…

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El Prater. En este parque, a partir de entonces público, la gente podía cruzarse con el emperador o con el duque de Reischtadt.

Los vieneses, al principio halagados por la elección de su ciudad como sede del congreso, pronto se desencantaron, ya que era su emperador quien a expensas del erario público, invitaba y obsequiaba a todos.

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Francisco José, el emperador, paseando en carroza. Elegancia y ocio caracterizaron el Vormärz, periodo previo a la revolución de marzo.

En aquellas lujosas veladas se derrocharon miles de florines.

Una época intrigante, convulsa y apasionante.

¡Confío en que os haya resultado interesante!

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SISSÍ EMPERATRIZ

Hoy nos aproximaremos a esta fascinante mujer. Comencemos:

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Alta y esbelta, Isabel fue una de las mujeres más bellas de su tiempo, pero el régimen alimenticio que se impuso afectó gravemente a su equilibrio y su salud.

A impulsos de un auténtico flechazo, el emperador Francisco José de Austria se casó en 1854 con su prima, la bella Isabel de Wittlesbach, aunque estaba previsto su matrimonio con la hermana de ésta, Elena. Pero la joven emperatriz, indómita, no soportaba el protocolo de la Corte de los Habsburgo.

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El emperador Francisco José. De inteligencia media pero consciente de sus deberes, trató de mantener la unidad de un mosaico de pueblos antagónicos.

Neurótica, como la mayoría de los miembros de la familia real de Baviera, y de gustos excéntricos, se rebeló contra el autoritarismo de su suegra, la emperatriz viuda Sofía, y poco a poco se fue alejando de las manifestaciones oficiales.sissi4

Sissí demostró un vivo interés por la naturaleza y la equitación, único deporte junto con la marcha que podían practicar las mujeres de su epoca.

En cambio se interesó apasionadamente por la causa húngara, y no escatimó esfuerzos para que se llegase al compromiso austro-húngaro, concretado en 1867 por la coronación que la convirtió en reina de Hungría.

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Coronación de Sissí como reina de Hungría.

La vida de aquella a quien sus súbditos llamaban familiarmente “Sissí” se vio ensombrecida por una serie de desgracias: la muerte de su primo Luis II de Baviera en 1886, el suicidio de su hijo Rodolfo en 1889, y la dramática muerte de su hermana, la duquesa de Alençon, en el incendio del bazar de la Charité de París en 1897.sissi7

Rodolfo y su amante, María Vetsera, trágicamente muertos en Mayerling

Isabel se alejó entonces de Viena para viajar por Europa (impresionante su palacio privado en Venecia), y fue asesinada en Ginebra por un anarquista.

 

Estancia veneciana del palacio de Sissí, a la izquierda, y el Achilleion, su refugio de Corfú, donde residió sus últimos tiempos., huyendo del asfixiante ambiente de Viena.

Mujer adelantada en su época, vegetariana, amante del deporte, cuidaba su línea de modo obsesivo. Fue una rebelde ante el orden establecido.

Isabel de Austria, en definitiva, dio la imagen de la difícil posición de la mujer en el siglo XIX.

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Asesinato de Sissí a manos de un anarquista en Ginebra.

¡Confío en que os haya resultado interesante!

GUSTAV KLIMT. UN ARTISTA DE LA SECESIÓN VIENESA

Entre las efemérides artísticas que jalonan el calendario del día de hoy una es la que brilla con luz propia: la del artista de la Secesión Vienesa Gustav Klimt, fallecido un día como hoy del año 1918.

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Hace ya 21 años el Museo Nacional  Centro de Arte Reina Sofía nos obsequió con una muestra que, recién terminada mi carrera dejó una viva huella en mi: Viena 1900, que atrajo a gran cantidad de público.  Desde entonces, y también llevada por mi temperamento romántico he estudiado con interés el devenir histórico del otrora Imperio Austro-húngaro.  Hagamos historia, para situarnos mentalmente en el tiempo en que le tocó vivir a nuestro protagonista:

Vista de sala de la exposición. Viena 1900, 1993

En los albores del siglo XX, Viena sólo parecía la capital de un imperio decadente y dividido, pero en realidad fué la cuna de toda una cultura moderna. El papel innovador de Viena, actualmente reconocido, pasó entonces inadvertido a la sombra de la capital del arte, París, o las no menos relevantes capitales político económicas Londres y Berlín.

Imagen de Viena en 1900

Viena mientras tanto crecía demográficamente, ya que de 290.000 habitantes que tenía en 1857, pasó a 2 millones en 1910. ¡Casi nada! Los intelectuales vieneses innovaban en todos los ámbitos, y de modo especial en el de las ciencias humanas y exactas: ahí tenemos a Sigmund Freud, explorando el subconsciente, o Wittgenstein en matemáticas, por citar algunos.

Freud y Wittgenstein

Pero donde floreció especialmente Viena fué en el ámbito artístico y literario: músicos de la talla de Gustav Mahler,  pintores como Schiele o Kokoschka, además de nuestro protagonista, y arquitectos como Otto Wagner dan cumplida muestra de ello.  Su sociedad llena de mujeres bonitas, cenas de gala, y valses de Strauss la colocaban como competidora de París en cuanto a placeres.

En este caldo de cultivo vino al mundo Gustav Klimt en Baumgarten, el 14 de julio de 1862.  Su lenguaje pictórico, lleno de  mujeres misteriosas y sensuales, de silueta delicada y sinuosa, eran muy apreciadas por los vieneses. En su “periodo dorado” conjugó motivos simplificados y elementos naturalistas sobre un fondo de oro, inconfundible marca de fabrica del austriaco. LA planitud de sus pinturas hizo pensar que pintaba con caleidoscopio.

La Sezession había surgido como una alternativa independiente a los artistas promocionados por la Academia vienesa -de la que el mismo Klimt había formado parte en su juventud- que trataba de reinterpretar los estilos del pasado. Para dotar a las exposiciones de este movimiento de salas funcionales, desprovistas de toda decoración, el arquitecto Joseph María Olbrich, discípulo de Wagner, construyó al norte del Ring un pabellón en cuya fachada se leía:” A cada época su arte, al arte su libertad”.

La aparición en 1898 del primer número de la revista de la Secesión, Ver Sacrum, consagró la modernidad vienesa, que cuestionaba tanto el academicismo como el estilo llamado peyorativamente “biedermeier” tan caro a los burgueses del periodo anterior.

A fuerza de estilización y búsqueda, Klimt se puede decir que rondó la abstracción. Pero la popularización del estilo modernista por los talleres vieneses, el abuso de líneas curvas y de los elementos decorativos dieron como resultado una estética casi kitsch.

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De él cuentan que era muy selectivo antes de aceptar algún encargo.  Una vez admitido el artista iniciaba su particular método de trabajo, tras largas meditaciones y aún más prolongadas sesiones de posado de modelos. La naturaleza abiertamente erótica de sus obras solía verse “suavizada” por un enfoque alegórico, o simbólico, que la hacía de algún modo más admisible para la pacata opinión pública.

Fué condecorado por el Emperador Francisco José, y causó un hondo impacto en los pintores de su época como Schiele.

Klimt fallecía en 1918 a causa de un infarto, una posterior neumonía y la conocida en la época como “gripe española”. Y nos dejó un legado maravilloso. ¿Una curiosidad?  En 2006, el primer retrato  de Adele Bloch-Bauer fue vendido en la Neue Gallerie de New York por 135 millones de dólares.

La modelo y su particular reinterpretación

En 2012 Viena tiró la casa por la ventana festejando su centenario, el de un artista que, sobre todas las cosas, quiso que los talentos nacionales se quedaran en su país, modernizándolo con aires de otros lugares.

¿Una recomendación? La película La Dama de Oro, con la magnífica interpretación de Helen Mirren. Aquí os dejo el trailer

Un gran legado que sigue maravillándonos a todos.